martes, 27 de marzo de 2012

Ser extravagante (o accesorizarse con cosas feas)

Hola, hola!!!!

Ya estoy por aquí de nuevo y he vuelto con gaaaaanas!!!!!!!
Ayer vino a visitarnos a clase de PROYECTOS II DE ESCULTURA el diseñador José Zambrano. Un encanto absoluto de persona y super generoso a la hora de compartir con nosotros su experiencia en el mundo de la moda a nivel profesional. Fue constructivo y muy divertido.
Son charlas que inevitablemente te motivan y te colapsan de energía y ganas de hacer cosas (interesantes), por eso he decidido que en lugar de estar durmiendo la siesta del borrego (el cambio de hora me ha matao!), estoy con el blog y dándole bien duro.
Si echamos la vista atrás recordaréis que en la última entrada hablé sobre la elegancia, muchas personas (humanas) entendieron que me refería a la PERTINENCIA (osea, al aburrimiento), nada más far away. Superparanada me refería a lo de la pertinencia=aburrimiento. Era más una cuestión de "adaptación al medio", en eso la naturaleza nos lleva "cienes y cienes" de años de experiencia. 
Mira las cucarachas...

Hoy me apetece hablar, digamos, que del término opuesto a la elegancia: LETICIA SABATER, digo!... perdón... no se en que estaba pensando... LA EXTRAVAGANCIA.



Personalmente entiendo la extravagancia como una manera diferente de entender el acto de vestirse. Hay gente que se viste y cuando quiere hacer algo extravagante se disfraza (CHANDAL+TACONES), otras personas se disfrazan directamente. En este caso se dan dos posibilidades: 1º los que se disfrazan por carecer de sentido del gusto y/o se la suda si los lunares hacen juego con los estampados de caballos galopando por una ladera seguidos de pavos reales, unicornios y Mariah Carey vestida de animadora...
2º los que se disfrazan (a los ojos de los demás), pero en realidad están siendo absolutamente conscientes de las prendas que utilizan y convierten el acto de vestirse en un ritual diferente y en una libre interpretación del estilo.

Aunque parezca lo mismo no lo es en absoluto.

La diferencia radica en la elección de las prendas y en las posibles combinaciones de accesorios que redondearán el look.

Todo esto parte de unos días atrás. 

Uno de mis contactos de facebook había puesto en su muro la foto de unos zapatos (horripilantes), anunciando que ya los tenía disponibles en su página web a disposición del que quisiera comprarlos. 
Al verlos (y reprimir una gran arcada), no pude resistir la tentación de escribir bajo la foto: SON DE COJA. 
Al susodicho contacto se ve que mucha gracia no le hizo ya que al rato el comentario ya no estaba.
Comprendo perfectamente que le molestase el comentario, pero la extravagancia tiene ese peligro, es fácil que lo que tú (como persona humana extravagante), consideras fantabulosamente estiloso, los demás lo contemplemos como un objeto feo. Esto no quiere decir que los que no apreciamos la belleza de esos objetos feos, estemos en la obligación de fundar un club y erradicar los zapatancanos de terciopelo y taconazo gordo (como para tumbar un olivo de una sola coz).

La extravagancia siempre me ha resultado más interesante que la elegancia. Te suele emocionar, consigue impresionarte, capta tu atención y mucho más aún cuando la persona (humana) tiene conversación, es una fuente de conocimientos sobre estilo e historia de la moda y disfruta de las prendas como si de exquisitos platos exóticos se tratasen.
Lo malo es que hoy en día la mayoría de los extravagantes carecen de todo lo maravilloso nombrado anteriormente y están convencidos de que Donatella Versace es la diseñadora de H&M, solo van a las inauguraciones por los canapés, en los desfiles usan gafas de sol (MAMARRACHAAAAA!!!!), y son amigos de los diseñadores para que les regalen cosas ya que no suelen tener un "leuro" en el bolsillo. (también anuncian bolsos carísimos)

QUE GUSTICO ME ESTÁ DANDO ESCRIBIR ESTO!!!!!!!!!!!!!!

Un beso y hasta la próxima!
Os adoro!!
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